Anteayer asistí en la Escuela de Ingenieros de Caminos a un seminario interesantísimo sobre la ingeniería hidráulica en la época barroca y me quedé pensando que en el fondo se trataba de un contrapeso y complemento perfecto a nuestro acto de hoy.

El seminario trató sobre el agua como arma política al servicio del poder. Concretamente César Lanza mostró de manera convincente cómo Luis XIV se sirvió del agua para construir su propia imagen y creó un espectáculo que a parte de mantener en jaque a una nobleza levantisca afianzaba el poder de la monarquía absoluta.

El barroco, esa gran época de hacer gala del dominio sobre la naturaleza.

En los Países Bajos a través del dominio del agua consiguieron ganarle tierra al mar y mediante el agua ganaron batallas y lograron independizarse de España.

O Federico el Grande que se enorgullecía de haber ganado toda una provincia sin dar un solo tiro, pues se puso, con la ayuda del matemático Euler, a regular el curso errático del río Oder y en las tierras así ganadas dio facilidades a perseguidos políticos de todos los rincones europeos para asentarse.

Frente a estas intervenciones en las que los gobernantes se afirmaban en el dominio sobre la naturaleza ¡qué distinta es nuestra situación de hoy! Estamos en el otro extremo, en el punto donde se nos vienen encima los desastres que causó la mentalidad que se enorgullecía de dominar a los elementos.

Nosotros, habitantes del anthropoceno, que empiezan a sentir el cambio climático en carne propia…

nosotros, contemporáneos de una de las grandes oleadas de extinción de especies….

nosotros, con la tierra y el agua contaminada por los pesticidas y las radiaciones, y con los mares llenos de plástico…con los alimentos controlados por multinacionales que únicamente buscan el beneficio…

Nosotros por fin estamos comprendiendo hasta qué punto dependemos del ciclo hídrico del planeta y aquí entran los humedales.

Por qué son importantes los humedales?


Porque previenen las inundaciones.


Porque regulan el ciclo del carbono.


Porque almacenan nutrientes en el suelo.


Porque son núcleos de biodiversidad.


Porque garantizan el hábitat, los lugares de paso y la invernada, en definitiva, la pervivencia de los pájaros migratorios, que son los mejores indicadores de la salud del planeta.

En la acción de hoy, lejos de los parámetros de los que se ocupa la ingeniería, queremos hacer hincapié en las cualidades sensoriales del agua, mostraremos cómo se energetiza el agua a través del sonido, lo cual, siguiendo a unos conocimientos ancestrales ayuda a equilibrar los dos hemisferios del cerebro y mostraremos, a quien sepa verlo, la filosofía que está en el origen de las fuentes árabes -como podemos apreciarlo en la Alhambra-, donde el sonido suave y continuo absorbe la atención dispersa del visitante, le ayuda a relajarse y le procura una sensación de paz y bienestar.

¡Ojalá podamos nosotros también producir esa sensación de paz y de bienestar!


Eva Lootz
Madrid, febrero de 2019